miércoles, 27 de abril de 2016

SILENCE


Una foto para el último miércoles del mes.
Un abrazo a tod@s.
© Alberto Fil

miércoles, 20 de abril de 2016

ÁNGULO DE REPOSO


Estando como está a la vuelta de la esquina el día del libro, voy a hablaros de la novela que ha resultado ser la más importante para mí y para mi experiencia vital de entre algo más de las quinientas novelas que he leído en la última década. He leído evidentemente otras novelas que han resultado ser buenísimas y de lectura placentera. Pero la importante. La que siempre voy a llevar conmigo, la que entre multitud de títulos siempre destaca, y a la que siempre regreso es ÁNGULO DE REPOSO de Wallace Stegner, publicada a finales de 2009 por Libros del Asteroide. Cuando la leí por primera vez supe que era una de esas novelas cuya solidez y hechuras permite, incluso invita a ser releída. Y yo que soy de releer, asumiendo el riesgo que ello implica, sabía que la releería. Triste me parece la actitud de los lectores que desechan lo mucho que aporta releer con la excusa de que hay demasiadas novedades literarias para perder el tiempo releyendo. Desconocen lo mucho que se aprende de uno mismo releyendo una novela que se leyó tiempo atrás. La relectura te permite descubrirte a ti como persona y comprobar cuán has crecido, cómo se ha ampliado tu horizonte, en qué persona te has convertido, qué es lo que has conseguido en ese intervalo de tiempo, cuánta vida hay en ti, cuánto has vivido, o qué ha hecho la vida contigo desde que cerraste el libro por última vez. Quizás es eso lo que temen los que descartan releer. Tal vez tienen miedo de descubrir que no han avanzado, que son los mismos, que aun pasados los años siguen estancados. Quizás temen mirarse en el espejo. Ver su propio retrato. Retratarse a través del negro sobre blanco. Que por otra parte es justamente lo que hace Lyman Ward, el narrador y coprotagonista de ÁNGULO DE REPOSO. Revisando su propia existencia y la de sus abuelos paternos: Oliver y Susan Ward, ―dos pioneros del Oeste―, con el fin de comprender. Lyman Ward en ÁNGULO DE REPOSO escribe lo siguiente sobre sus abuelos: «Lo que a mí me interesa de todos esos papeles no es la novelista e ilustradora Susan Burling Ward, ni Oliver Ward, el ingeniero, ni tampoco el Oeste donde pasaron sus vidas. Lo que realmente me interesa es cómo dos partículas tan distintas pudieron fundirse, y con cuánta presión, para rodar cuesta abajo hacia el futuro y hasta alcanzar el ángulo de reposo en que yo los conocí. Ahí es donde está el interés.» Comprender y conocerse he ahí el quid. Eso es lo que permiten las relecturas. La relectura de este título mucho y bueno me debe aportar, por buen refugio lo debo de tener, mucho me debe gustar habitarlo ya que sé que voy a releerlo de nuevo y será la cuarta y lo haré con ganas siendo consciente de que no va a ser la última vez.


Besos y abrazos a tod@s. 
María Aixa Sanz

miércoles, 13 de abril de 2016

UNA SOLA COSA


Bastante a menudo he llegado a pensar si sólo estamos aquí con la única finalidad de hacer solamente una cosa. He pensado si el ser humano al nacer sólo tiene como función aportar al resto una sola cosa en concreto. Nosotros osados que nos creemos semidioses y que tenemos las agendas repletas así como nuestras vidas; y pensamos que cada acto realizado, cada cosa hecha por nosotros resulta vital: ¿Y si no es así? ¿Y si no somos tan importantes? ¿Y si un 99 % de lo que llevamos a cabo en verdad no tiene la más mínima importancia para la humanidad? ¿Y si cada uno nace sólo para una cosa y lo demás es como el forjado que apuntala ese "algo" exactamente que nos diferencia del resto y que nos convierte en individuos, es decir, aquello que marca nuestra individualidad?

Te propongo algo: cierra los ojos y piensa para qué viniste al mundo, qué es eso que has hecho y que te diferencia de tus congéneres. Da igual el tiempo que tomes en contestarte, quizás la respuesta salte al segundo de cerrar los ojos o tal vez te lleve días o incluso meses averiguarlo. No importa. El tiempo no importa. Lo que sí que importa, lo realmente importante, es no haberte ido de este mundo sin saber que le has dado tú a él. La mayoría podéis contestar: hijos. Pero eso no cuenta para esta reflexión, porque todo tu barrio también ha traído hijos al mundo y eso no les hace diferentes de ti. Sí, puedes responder que tu hijo es maravilloso y los de tus vecinos no. No lo dudo. ¡Faltaría más! Pero hay una razón de peso para que no puedas responder con lo del hijo o hijos, la razón es que para tener un hijo hacen falta dos personas y el tema era que hallases ese algo que te diferencia del resto de individuos del planeta incluso del padre o de la madre de tus hijos. De modo que no puedes responder de ninguna de las formas: «Mi hijo o mis hijos.» Lo que yo he preguntado o planteado es: ¿Qué es aquello que te diferencia a ti del resto? ¿Qué es “ese algo” que solo tú en todo el planeta has sido capaz de realizar, aportando eso exactamente a la humanidad? Creo que es un buen tema sobre el que reflexionar, porque quizás todavía estás a tiempo.


Besos y abrazos a tod@s.
María Aixa Sanz

miércoles, 6 de abril de 2016

CAMBIAR


Cambiar es bueno. La experiencia de la vida te lleva entre otras muchas cosas a saber que cambiar es bueno, que cuando un cambio se plantea en tu vida debes cambiar siempre. Puesto que en el momento en que te lo planteas aunque solo sea unos segundos es porque no estás ni a gusto ni comprometido al 100 % con el objeto de cambio, sino ni siquiera te hubieses percatado de que tenías delante la posibilidad de cambiar. Cuando me refiero a objeto de cambio, lo hago de cualquier objeto de cambio, da igual cual sea, sea el que sea. (Ciudad, hábito, trabajo, música, amistades, corte de pelo, firma, pareja, deporte, ocio, aficiones, etc.)
Sí, cambiar es bueno. Y cuando se presenta un cambio uno tiene que cambiar siempre. Podéis pensar que la mayoría de las veces cambiar da miedo, ese no saber qué te deparara lo nuevo, pero la realidad es que una vez efectuado el cambio y pasadas las primeras semanas de desubicación, uno se levanta una mañana y siente algo muy parecido a la libertad, incluso a la ligereza. Se da cuenta de que se siente ligero como hacía tiempo que no se sentía, también se encuentra contento, diría yo que incluso eufórico porque tiene la sensación de que las paredes del mundo se han ensanchado. Puesto que uno con el cambio ya vuelve a respirar y respira mejor, y también porque el alivio es notable hasta no pensar ni un solo instante en lo que dejó atrás. Al cambiar se asume lo que el cuerpo te estaba reclamando sin ni siquiera darte del todo cuenta.
No concibo una existencia sin cambios voluntarios, pavor me dan esas personas que se resisten a cambiar y no aprovechan la oportunidad que la vida les da y viven toda su vida dentro de un bucle, como si estuviesen metidos dentro de un túnel de viento en el que no pueden ni avanzar, ni retroceder. Realizando día tras día la misma rutina, llevando tengan veinte o cincuenta años el mismo peinado o no saliendo de los márgenes de una misma ciudad. Incluso hay personas tan hostiles al cambio que miran a aquel que cambia como si de pronto le hubiesen salido cuernos en la cabeza o como si fuese poco de fiar y bastante veleta, preguntándose de qué pasta está hecho ese ser para cometer semejante osadía, sin darse cuenta que son ellos quienes están instalados en una absurda e infértil forma de vida, muy parecida a la sala de espera de algo tan grave y sin vuelta atrás como es la muerte. Porque hay algo que las personas tienden a olvidar y es que somos mortales. No sé hasta qué punto la gente es consciente de que de vida solo hay una. Ojalá pudiésemos vivir varias vidas para cada una vivirla de una forma, pero no se nos ha concedido esa dicha. Por tanto ya que solo tenemos una lo más provechoso es ir cerrando etapas e ir cambiando, para así poder expandir el tiempo y poder vivir mucho más dentro del mismo plazo. Cambiar es la única forma de que aun viviendo solo una vida el tiempo se expanda. Además cambiar es evolucionar. Es ir conociendo otras facetas, otros mundos tanto interiores como exteriores. Cambiar es avanzar. O como dice Alberto: «Todo suma, nada resta para poder avanzar. Y vivir no es otra cosa que sentir y avanzar.»



Besos y abrazos a tod@s.
María Aixa Sanz.